Kristian Herbolzheimer, 8 de Octubre 2012. 
Kristian es el Director de los Programas Colombia y Filipinas. El autor representa a Conciliation Resources en el Grupo Internacional de Contacto que asesora al Gobierno de Filipinas y al Frente Moro de Liberación Islámica en las negociaciones de paz de Mindanao. También ha estado acompañando iniciativas de paz en Colombia desde el año 2000. 

Tras 15 años de conversaciones, parece que la paz en Mindanao está cercana. Y que Colombia tiene varias e interesantes lecciones que aprender. Habla un testigo de primera mano.

Sí se pudo

El domingo pasado el gobierno de Filipinas y el Frente Moro para la Liberación Islámica (MILF) alcanzaron un acuerdo de paz. Se está poniendo fin a uno de los conflictos armados más prolongados del mundo. Un ejemplo de que los conflictos tienen solución, por muy enquistados que estén. Una esperanza para la solución negociada en otros conflictos armados prolongados, como el colombiano.
 
Las preguntas pertinentes son entonces: ¿cómo se llegó a esta solución negociada?, y ¿qué lecciones pueden sacarse para la solución de otros conflictos prolongados?

15 años de negociación

En primer lugar,el proceso filipino se destaca por haber durado 15 años.
 
Filipinas: un ejemplo de que los conflictos tienen solución, por muy enquistados que estén. Foto: globalnation.inquirer.net
En dos ocasiones el gobierno buscó un atajo lanzando ataques militares: en 2000 y en 2003. Los ataques produjeron victorias militares, pero no fue posible consolidar este avance en victorias políticas. La guerrilla tiene una base social sólida, y el militarismo del gobierno central no hizo más que fortalecer la voluntad de resistencia de la población bangsamora (musulmana) que habita la región sureña de Mindanao.
 
Negociaciones tan prolongadas no son ni mucho menos un ejemplo a seguir. Pero indican la dificultad de articular y resolver los agravios históricos de una población que nunca se sometió a la colonización española, y sin embargo fue engullida sin consulta previa por la flamante república filipina en 1948.

Las claves

15 años de negociaciones también indican la primera clave de éxito: la perseverancia de la insurgencia, del gobierno y de la sociedad civil en buscar una salida pacífica a un conflicto que en sus primeros años causó 100.000 muertes y que ha producido múltiples desplazamientos forzados de centenares de miles de personas cada vez que se viola el alto al fuego.
 
El proceso filipino se destaca por haber durado 15 años. En dos ocasiones el gobierno buscó un atajo lanzando ataques militares: en 2000 y en 2003.  Foto: mwcnews.net
El segundo factor clave —que a su vez explica esta perseverancia— es la influencia que ha podido ejercer la sociedad civil sobre el gobierno, así como sobre la insurgencia. El MILF no figura en ninguna lista de organizaciones terroristas y el cese al fuego ha conllevado un cierto acantonamiento de tropas. De esta manera es posible visitar y dialogar con los comandantes guerrilleros, incluso invitarlos a eventos públicos sobre la paz.
 
Por otra parte, desde la caída del dictador Marcos en 1986, el gobierno sostiene un diálogo fluido con sectores críticos de la sociedad civil. Incluso es frecuente que dirigentes sociales ocupen cargos gubernamentales. Esta interlocución permanente ha obligado al gobierno y a la insurgencia a desarrollar y a sostener discursos y propuestas de paz.
 
En tercer lugar, cabe destacar una cierta humildad del gobierno y de la guerrilla. Ambas partes son conscientes de que las negociaciones y el acuerdo de paz son imprescindibles, pero sobre todo, que la paz se construye por fuera de la mesa de negociación.
 
Las dificultades pasadas para hacer realidad los acuerdos de paz con otros grupos insurgenteshan aportado una dosis de pragmatismo. La paz no se puede consolidar sin el apoyo y la participación activa de los partidos de la oposición, de alcaldes y gobernadores, de la fuerza pública, de los medios, del sector privado, de líderes religiosos y de la sociedad civil. Hay plena consciencia de que la puesta en marcha del acuerdo de paz es tanto o más importante que la propia negociación.

Cinco innovaciones mayores

El prolongado proceso de paz también ofrece importantes desarrollos prácticos y conceptuales. Destacaré cinco elementos: 
 
  1. Una política nacional de paz: Entre 1992 y 1993 el gobierno impulsó un proceso de consulta para definir un camino hacia la paz. En la práctica el proceso fue liderado por la sociedad civil con múltiples diálogos locales y regionales que recogieron la diversidad de conceptos y propuestas. La conclusión fue un marco llamado ‘Los seis caminos a la paz’, que reconoce la existencia de unas causas estructurales a resolver, y la necesidad de construir paz por múltiples vías paralelas, no sólo las negociaciones. Los gobiernos posteriores han reconocido y mantenido este marco.
  2. Monitoreo ciudadano del alto al fuego: En 2003, una red de organizaciones sociales decidió iniciar un proceso de Banta y Ceasfire — monitoreo del cese al fuego — por parte de personas que viven en las comunidades afectadas por el conflicto. De un grupo inicial de 60 personas, la red creció hasta involucrar a unos 900 observadores voluntarios. La iniciativa se desarrolló de forma autónoma, pero acabó recibiendo el reconocimiento de la insurgencia y del gobierno, hasta tal punto que se ha integrado al sistema formal de verificación.
  3. Diálogo civil-militar: A iniciativa de algunas ONG, a lo largo de la última década se han multiplicado los diálogos entre sociedad civil y fuerza pública, permitiendo un mayor conocimiento y reconocimiento mutuo. Este diálogo también ha permitido que los militares desarrollen una visión distinta de la puramente militarista, a raíz de su propia experiencia ante los horrores de la guerra fratricida. Hoy en día se han logrado sustituir los criterios de ascenso en la jerarquía militar, valorando acciones de paz más que combates y bajas enemigas. El último desarrollo conceptual ha sido el cambio de paradigma de la misión de “ganar la guerra” a “ganar la paz”.
  4. Acompañamiento internacional híbrido, combinando diplomacia y organizaciones no gubernamentales (ONG): La arquitectura de apoyo internacional al proceso se ha ido sofisticando al tiempo que las negociaciones han ido topando con nuevos obstáculos. Para superar la última fase de profundas desconfianzas, en 2009 las partes crearon un Grupo Internacional de Contacto (ICG), con la novedad de invitar también a ONG internacionales. El ICG está compuesto por Japón, Reino Unido, Turquía y Arabia Saudita, y por cuatro ONG, entre las cuales figura Conciliation Resources. Su tarea es observar las negociaciones y asistir a las partes cuando éstas lo requieran. Por otro lado, el Grupo Internacional de Verificación tiene tres niveles de hibridación, combinando actores militares y civiles, internacionales y locales, estados y ONG.
  5. Liderazgo de las mujeres: Filipinas es el país del mundo que más en serio se ha tomado las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la participación de las mujeres en los procesos de paz. Las mujeres están presentes y tienen posiciones de liderazgo reconocido en el gobierno, la insurgencia, los equipos de negociación y la sociedad civil. Filipinas ha sido el primer país de Asia en aprobar un Plan de Acción Nacional para poner en práctica las directrices de Naciones Unidas a este respecto. Al mismo tiempo, una re-lectura crítica de las resoluciones está permitiendo desmitificar la mesa de negociaciones y poner más énfasis en procesos paralelos y más participativos y democráticos de construcción de paz. La política internacional debe responder a las diferentes realidades sociales de conflicto, y no al revés.

Reflexiones para Colombia

Todo conflicto tiene sus singularidades sociales, políticas, económicas y geográficas. Por lo tanto no es posible -ni recomendable- copiar fórmulas. Pero siempre es posible reflexionar sobre los propios desarrollos a la luz de países que enfrentan retos parecidos.
 
Las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC empiezan bien. Ambas partes tienen una visión pragmática, fruto de los aprendizajes del pasado. El diseño del proceso es sólido: agenda acotada, tiempo limitado, acompañamiento internacional diverso y discreto.
 
Este diseño da a entender que las negociaciones de paz van a centrarse en poner fin a la confrontación armada. Quedará pendiente la solución negociada de varios de los conflictos generadores de violencia. Mejor así: hay, entonces, espacio para diálogos más incluyentes y, por ende, democráticos y sostenibles, a la larga.
 
El reto principal para la sociedad,entonces, parecería ser el de concretar las formas y los liderazgos en el proceso de diálogo social. Hay un papel para todos: Congreso, partidos políticos, alcaldes y gobernadores, sector privado, iglesias, comunidades étnicas, medios, movimientos sociales. Con las mujeres al frente.
 
Si Filipinas describió sus ‘seis vías a la paz’… están por identificarse y recorrerse las ‘vías colombianas a la paz’.