Niños marchando durante la semana de la paz, Septiembre de 1997 Foto: Redepaz
Movilización por la paz en Colombia 1978-2002 Carlos Fernández, Mauricio García-Durán y Fernando Sarmiento - 2004 La sociedad civil ha recurrido a múltiples formas para expresar su rechazo a la violencia y aportar ideas para la construcción de la paz. En la gráfica No.1 se puede constatar el incremento constante de las acciones colectivas por la paz a partir de los años 1987-1988. Puede decirse que la principal razón para la movilización social ocurrida en Colombia en los noventa ha sido el rechazo a la violencia y el respaldo a la búsqueda de la paz. A partir de 1990 la movilización por la paz ha implicado la participación acumulada de por lo menos 30 millones de personas. Sin embargo, esta intervención masiva no significa que la movilización como un todo haya sido orgánica y articulada y haya mantenido una dinámica claramente progresiva y continua. Periodización de la movilización por la paz La movilización por la paz ha dependido de las coyunturas de oportunidad política que se han presentado, tanto en razón de la creciente y degradada violencia como de los procesos de paz, particularmente las negociaciones con los alzados en armas. Muestra de ello es el gran número de masacres y asesinatos políticos (particularmente de la Unión Patriótica) perpetrados por los paramilitares a partir de 1986-1987 y que llevaron a una creciente reacción y movilización contra la violencia, el cansancio por la situación de violencia que antecedió al Mandato por la Paz, y el fenómeno del secuestro particularmente las ?pescas milagrosas?, que desencadenó las movilizaciones de 1999. A continuación presentamos una breve panorámica de los principales momentos de lo que se ha llamado el movimiento social por la paz. 1978-1985: antecedentes de la movilización por la paz El gobierno de Julio César Turbay desarrolló una política represiva orientada por el Estatuto de Seguridad Nacional, que implicó serias violaciones de los derechos humanos. En este contexto, las primeras acciones por la paz comienzan a aparecer vinculadas a la defensa de los derechos humanos. Y aunque durante la administración de Belisario Betancur no se presenta todavía lo que propiamente se puede calificar como una movilización social en favor de la paz, la amplia y plural Comisión de Paz que nombró el Presidente ofrece un primer canal de participación de la sociedad civil. Con respecto a las distintas manifestaciones por la paz, todavía bastante limitadas y dispersas en el territorio nacional, durante este periodo se puede observar que los motivos para la movilización se relacionan principalmente con las reivindicaciones sociales (derechos fundamentals de los trabajadores, particularmente el derecho a la vida) y reivindicacionesen apoyo de una solución negociada del conflicto armado (respeto de las libertades democráticas, amnistía amplia y negociaciones con la insurgencia). 1986-1992: Activación de la movilización por la paz Hay dos hechos del contexto político que marcan este periodo y tienen especial incidencia en la movilización por la paz: en primer lugar, los procesos de negociación y desmovilización de las guerrillas del M-19, el PRT, el EPL y el Quintín Lame, y en segundo lugar, la reforma constitucional de 1991, que oxigena y abre la participación democrática en Colombia. En el gobierno del presidente Virgilio Barco (1986-1990) se adelantaron acciones para demandar una solución negociada con las guerrillas: las gestiones por parte de la Comisión de Notables, la Cumbre de Usaquén de todos los sectores políticos (29 de julio de1988), motivada por el secuestro de Álvaro Gómez, y la Comisión de Convivencia que allí se propuso para impulsar una negociación con los alzados en armas. Estos hechos presionaron el lanzamiento de la Iniciativa de Paz por parte del gobierno, lo que permitió el inicio de negociaciones con el M-19. Entre 1990 y 1994 asistimos al real despegue de la movilización social por la paz. Aparte de las gestiones en favor de las negociaciones adelantadas por diversos sectores de la sociedad civil entre los que se destacan la Comisión de Notables y la mediación que desempeñó la Iglesia en algunos de los procesos, el grueso de las movilizaciones colectivas se enfila contra la violencia o defensa de la vida y la paz, como puede observarse en las acciones de las mujeres al comienzo del periodo, en el apoyo a los diálogos regionales por parte de distintos sectores de la sociedad y en una serie de pronunciamientos colectivos que se registran hacia 1991. Además de lo que se realiza en Bogotá, centro político y geográfico del país,se encuentran ejemplos de resistencia como el ‘Pacto social por el desarrollo y la paz en Urabá’, la gran campaña contra el terrorismo y demanda de una salida negociada del conflicto armado, realizada a mediados del año en todos los departamentos de la Costa Atlántica, la campaña 'Medellín en paz', y la gran Marcha por la Vida efectuada en la ciudad de Cali en el mes de septiembre. Aunque es clara la movilización en regions azotadas por la violencia, como Urabá y el Magdalena Medio, se observa en general que la cobertura de las acciones por la paz alcanza a nuevos departamentos. A esto se suman experiencias de escala nacional. Durante 1991 se lanza la campaña Viva la Ciudadanía, que alcanzó a reunir a más de treinta organizaciones, y se realiza la Semana por la Paz, que se venía celebrando desde septiembre de 1988 y cuyo tema de reflexión para 1991 fue la ética civil. Acciones semejantes protagonizaron durante este período los guerrilleros desmovilizados para exigir el cumplimiento de los acuerdos pactados con el gobierno. El tema de la paz, que inauguró la década con los acuerdos suscritos con el M-19, dio oxígeno a las demandas del movimiento de derechos humanos, sin que se lograra sin embargo una completa convergencia entre las organizaciones por la paz y las de derechos humanos. 1993-1999: organización y grandes movilizaciones por la paz Los hechos de la dinámica política que fueron determinantes en este periodo para la movilización por la paz fueron la declaratoria de 'guerra integral' hecha por la administración Gaviria y la crisis política suscitada durante la administración Samper por el proceso judicial 8.000 ingreso de dinero del narcotráfico en la campaña presidencial). Esta situación hace que los impulsos de la movilización operen de manera masiva y se planteen acciones de conjunto desde el seno de la sociedad civil que la fortalezcan y creencondiciones para buscar una paz negociada con los actores armados. Este tercer periodo corresponde al gran auge de la movilización y organización por la paz en Colombia. La multiplicidad y la diversidad de acciones, sectores participantes, y regiones involucradas son muy grandes. Se conforma, en primer lugar, el Comité de Búsqueda de la Paz, en el cual se congregaba una serie de organizaciones socials y ONG; en segundo lugar, y como confluencia de dinámicas regionales importantes, en noviembre de 1993 surge la Red de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra, Redepaz. En 1995 la Conferencia Episcopal crea la Comisión de Conciliación Nacional como organismo de ‘buenos oficios’ para buscar acercamientos entre las partes en conflicto. Ya para el año 1996 el dinamismo de los espacios de trabajo por la paz a escala regional es muy grande, como se vio en las mesas de trabajo por la paz y en el gran número de foros y movilizaciones en procura de una salida negociada del conflicto armado. En marzo, Redepaz propone la elaboración de un ‘Estatuto de Paz’, encaminado a promover la reglamentación del Artículo 22 de la nueva Constitución Política. En julio se realiza en Medellín la ‘Jornadade Neutralidad Activa’, que convoca a la gran mayor ía de las ONG de Antioquia y que respalda propuestas similares que estaban surgiendo de las comunidades indígenas y la población desplazada. En octubre de 1996 tiene lugar el 'Mandato de los Niños por la Paz'. Finalizando el año, en el mes de noviembre y coincidente con la celebración del Día Mundial de la No Violencia contra la Mujer, se da inicio a la Ruta Pacífica de las Mujeres por la Paz, como un acto de solidaridad con las mujeres de Urabá, afectadas grandemente por el conflicto armado. A lo anterior habría que agregar el surgimiento de espacios sectoriales en defensa de la paz, como Empresarios por la Paz, Medios para la Paz y Red de Universidades por la Paz. Hacia los años finales del periodo hay un gran aumento de las acciones. Se consolidan los consejos y las comisiones locales y regionales de paz que buscan impulsar los diálogos y los procesos de concertación, tanto en la sociedad como con actores armados, para lo cual se realizaron cabildos abiertos por la paz en varios municipios del país. Durante 1997 se desarrolló todo el proceso del Mandato Ciudadano por la Paz, que culminó con los diez millones de votos a favor de la paz en las elecciones de octubre. En 1998 se convoca la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz, en la que convergen las regiones, los sectores sociales y las organizaciones que trabajan por la paz y los derechos humanos en todo el país. Durante 1999, tienen lugar las famosas marchas del No Más, movilizaciones masivas contra el secuestro, que en algunas partes estuvieron asociadas a otras reivindicaciones. Las 40 marchas que se realizaron entre abril y septiembre implicaron la movilización de cerca de 2'500.000 personas. Mientras la jornada del 24 de octubre de 1999, con marchas y actos en más de 180 municipios a lo largo y ancho del país, contó con la participación de 8'000.000 de personas, por lo menos. 2000-2003: crisis de las expresiones nacionales y fortalecimiento de las locales Paradójicamente, los procesos de paz con las guerrillas fueron determinantes en el descenso de la movilización por la paz a escala nacional, debido a las expectativas que se despertaron por lo que podría resultar de las negociaciones, particularmente en el Caguán. Como puede verse en la gráfica No.1, y no obstante las marchas del No más, la movilización comienza a descender a partir del momento en que la administración Pastrana inicia el proceso de paz con las FARC, y entra en un verdadero periodo de crisis y reflujo cuando el proceso de paz se rompe. Pero, por otro lado en el nivel regional y local, se constata un dinamismo en torno a los temas de la paz, el desarrollo, la autoderminación y la resistencia civil.Tal ocurre con las comunidades de paz ubicadas en Urabá, la propuesta de neutralidad de las comunidades indígenas, los procesos constituyentes municipales y departamentales, las experiencias de resistencia civil, los 15 programas de desarrollo y paz, y algunas experiencias de retorno de población desplazada. Igualmente, se sigue consolidando otra serie de espacios, como la Ruta Pací- fica de las Mujeres, la Red de Justicia Comunitaria y tratamiento de conflictos y los objetores de conciencia. Experiencias todas estas que se sostienen en las regions con la perspectiva de formación de un sujeto social que trabaje para crear las condiciones que hagan posible la paz en el país. Territorio y movimiento por la paz Al observar la dinámica territorial que tomaron las acciones colectivas por la paz es posible distinguir diversas experiencias de movilización en los ámbitos locales, regionales, nacionales y globales, que implican desarrollo y lógicas diferenciados aunque complementarios (véase Mapa de Acciones por la paz). No obstante ello, es necesario tener presente que algunas de las experiencias locales y regionales tienen un impacto verdaderamente nacional, lo cual les imprime un carácter especial y un significado mayor. Entendemos por iniciativas locales las adelantadas por grupos y segmentos sociales actuantes en veredas, corregimientos y barrios, hasta las expresiones que alcanzan la dimensión municipal. Ejemplos de ello son las experiencias de autonomía, resistencia civil y movilización por la paz impulsadas desde la base (ATCC, Comunidades de Paz, Mogotes, Tarso, Aguachica, Resistencia Civil, 100 Municipios de Paz). Las iniciativas regionales corresponden a las experiencias que buscan desarrollar y articular dinámicas que cubren a varios municipios y buscan un impacto regional, de orden económico, político o social. Ejemplo de ello son los programas de desarrollo y paz, las propuestas de constituyentes departamentales y aquellas de autonomía y resistencia impulsadas por indígenas y comunidades negras, como el proyecto NASA y las resistencias comunitarias indígenas del Cauca, así como las experiencias de la Asociación Campesina Integral del Atrato, las Comunidades de Paz y las Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad del Chocó. Las iniciativas de paz de alcance nacional tienen la particularidad de asociar la centralidad del poder con el alcance territorial es decir, vincular la movilización por la paz a lo que sucede en la capital del país en términos de las decisiones que afectan a todo el territorio nacional. Estas diná- micas nacionales corresponden a espacios de concertación y articulación, como el Comité de Búsqueda de la Paz, Redepaz, Mandato Ciudadano por la Paz, Asamblea por la Paz, Planeta Paz, No Más, Colombia Va, Paz Colombia y Ruta Pacífica de las Mujeres. Estas iniciativas nacionales se ven cruzadas por acciones de orden más global e internacional, que llevan al surgimiento de nuevas dimensiones para la movilización por la paz en Colombia y tornan más compleja la idea de territorialidad que se ha mencionado. Momentos como el del Foro Social Mundial, la Corte Penal Internacional y las negociaciones del ALCA, que elevan la solidaridad de los pueblos y las luchas sectoriales a dimensiones internacionales, hacen que se mire la situación nacional en el contexto global y no de manera aislada, como sucedía en las décadas anteriores. Logros, tensiones y dilemas en el movimiento por la paz Ciertamente la movilización por la paz ha supuesto y llevado al nacimiento y consolidación de una extensa gama de organizaciones y propuestas de trabajo por la paz (véase 'Iniciativas por la paz, 1993-2003'). Se puede decir que hoy existe un tejido organizativo por la paz, con límites y conflictos, pero al mismo tiempo con una gran potencialidad para el futuro. Es decir, se han hecho aprendizajes que permiten que las organizaciones y sectores sociales cuenten con la infraestructura necesaria para tejer y articular diversidad de acciones en procura de la paz. Esta convergencia de perspectivas se ha manifestado en los esfuerzos enderezados a la construcción de una agenda para la paz y la democracia. Sin embargo, es importante no olvidar que hay diferencias y tensiones en estas perspectivas, no solo porque existen distintas concepciones de paz (paz como derrota militar del enemigo, paz como desmovilización de los armados, paz como mayor democracia política,paz como justicia social), sino porque hay algunos tópicos que implican hondos debates y controversias: la legitimidad de la lucha armada, el alcance de las negociaciones y el tema de la seguridad. En el proceso de configuración de un movimiento por la paz en Colombia se han presentado divergencias y contradicciones, como claramente lo ponen de manifiesto las divergencias entre organizaciones de lucha por la paz y organizaciones de derechos humanos. La confluencia de diferentes tradiciones de pensamiento sobre el país ha encontrado en el tema de la paz un nuevo escenario histórico de debate. A las anteriores tensiones se agregan aquellas que surgen en razón de las formas organizativas, que pueden llevar a que algunos sectores sociales y geográficos se marginen del movimiento. Por una parte, ha existido una tensión entre la capital y las regiones debido a la concentración de acciones y poder en Bogotá. Este problema de carácter más geográfico también se expresa en la manera como ciertos sectores han sido puestos en muchos momentos al margen de los procesos organizativos por la paz; es el caso de las mujeres y de los indígenas, por lo menos hasta muy recientemente. La dinámica externa y de relaciones del movimiento con la sociedad En cuanto a la dinámica externa y de relaciones con otros actores y la sociedad en su conjunto, podemos anotar algunos problemas centrales: La escasa definición y claridad discursiva frente a la sociedad amplia sobre puntos trascendentales de la identidad de un movimiento por la paz. La comprensión de la paz ha sido maximalista y ha cuidado poco de definir los presupuestos éticos que deben orientar el movimiento. Así, cuestiones como el uso de la violencia como método para lograr las transformaciones sociales no han sido clara y abiertamente debatidas, dejando el camino abierto a los discursos polarizados de algunos sectores. De ahí que uno de los retos que enfrentan las organizaciones por la paz es cómo canalizar el descontento social y contra la guerra en un horizonte más amplio, no violento y proactivo, capaz de movilizar amplios sectores de la población. El manejo mediático de la paz y la invisibilidad del movimiento. Es importante mencionar la crítica permanente que sobre los medios de comunicación hacen diferentes líderes del movimiento en cuanto al escaso registro y despliegue de las acciones ciudadanas por la paz, pero principalmente por la relación estrecha entre medios de comunicación masivos y sectores dominantes del sistema económico y político, vinculados en algunos casos a conductas de violencia. A su vez, la crítica que periodistas y medios hacen a los métodos y escasa la incidencia del movimiento de paz, particularmente a sus discursos agotados y poco profundos de cara a la realidad del país. La relación con el ámbito político y el Estado. En este punto cabe señalar la indefinición que muchas veces muestran las organizaciones por la paz frente a la política formal: una relación distante con los partidos políticos y una postura crítica y de confrontación con relación a las instituciones estatales, posición heredada de las luchas sociales de las décadas anteriores. El movimiento por la paz, para poder hacer más efectivas sus propuestas, se enfrenta a la necesidad de rechazar las prácticas tradicionales del sistema político y al mismo tiempo entrar en el escenario polí- tico, como espacio para la realización de los cambios que considera necesarios. Cómo lo haga y cómo se manejen las tensiones que ello implica será algo determinante en el posible impacto del movimiento por la paz en el futuro próximo. Las relaciones internacionales. El peso de la variable internacional seguirá siendo crucial en el futuro mediato e inmediato, como se ha visto en el contexto de la guerra contra el terrorismo. Cómo se maneje el tema de alianzas y apoyos en este nivel será determinante tanto para configurar un contexto político favorable a las negociaciones como para dar oxígeno y capacidad de incidencia a las iniciativas de paz que emprendala sociedad civil. La diplomacia paralela entre sectores no gubernamentales e intergubernamentales en Colombia y en Europa y Estados Unidos, si bien venía actuando a través de las agencias de cooperación, en los últimos años abre el panorama a una serie de relaciones de carácter más político, que van más allá de la ayuda económica. Las organizaciones por la paz necesitan fortalecer las herramientas de incidencia en el campo diplomático para ganar reconocimiento de los actores internacionales vinculados con las dinámicas de paz en el país. Perspectivas y retos Durante la administración Uribe no es muy probable que se inicie un nuevo proceso de paz con la insurgencia,dada la posición endurecida de ambas partes y el escalamiento de la confrontación. Por otra parte, la negociación iniciada con los paramilitares no solo ha excluido del asunto a la sociedad, sino que además la manera como se está desarrollando tiene el riesgo de conllevar una seria situaci ón de impunidad, que ciertamente no favorece el avance hacia una solución global e integral del conflicto. Lo anterior hace prever la continuidad de la guerra, y, dados los efectos de una confrontación de este tipo en la sociedad en su conjunto, un creciente agotamiento de la poblaci ón con la violencia. En otras palabras, a medida que la estrategia de ìseguridad democráticaî empiece a mostrar sus límites, como pudo verse en los resultados electorales del 25 y 26 de octubre de 2003, seguramente se irá consolidando una nueva demanda por una salida negociada, la cual ofrecería una oportunidad política favorable para la movilización masiva por la paz. Las expresiones y movimientos de paz están en germen. No es posible pensar en una unidad formal del movimiento, perdurable y efectiva, sin un amplio proceso de maduraci ón social y política. En este proceso de maduración, el movimiento de paz tiene el reto de no supeditar su actividad a los tiempos y las lógicas de los poderes armados y a las fuerzas hegemónicas dominantes, es decir, el reto de configurar una lógica política y una dinámica organizativas distanciadas de la polarización y la violencia actuales, y respaldadas por amplios sectores de la sociedad. En este escenario resulta alentador constatar las innumerables iniciativas y acciones que se han desplegado en la última década en términos de organización y educación para la paz, como procesos de empoderamiento ciudadano y ejercicio renovador de la política.Estos esfuerzos, aunque en algunos momentos no se perciban claramente como una fuerza social capaz de incidir en el presente, son de hecho el soporte clave de futuros impulsos de negociación y de procesos de construcción de paz y reconciliación realmente sostenibles.
Gráfico N°1 Fuente: Banco de Datos de Acciones por la Paz del CINEP
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