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Comunidades de paz

Comunidades de paz, San Francisco de Asís, Urabá, Octubre de 1998

Fuente: Cinep

Esperanza Hernöndez es investigadora, docente, y consultora. Fue coautora del libro Con la Esperanza Intacta sobre experiencias de construcciãn de paz desde la base.

Obligados a actuar

Iniciativas de paz desde la base en Colombia

Esperanza Hernández Delgado - 2004

“Durante todos estos años de violencia, en medio del abandono y el olvido, así como brota una flor en medio del desierto, gestamos cuidadosamente la esperanza. Nacemos y crecemos como expresión de fuerza ciudadana para rescatar del horror, el valor maravilloso de la vida y el valor de la palabra como herramienta inequívoca en la solución de los conflictos”.

- Proclama participantes en “Primer Encuentro de Experiencias de Comunidades y Territorios de Paz en Colombia”, Bogotá, Noviembre de 1999.

Hay plurales razones por las que las iniciativas de paz desde la base tienen especial relevancia en Colombia. Evidencian otras realidades de un país marcado por expresiones persistentes de violencia. También indican nuevas dimensiones en la construcción de la paz, con visiones de paz que no se reducen a la ausencia de guerra. A través de procesos organizativos a nivel comunitario, procuran la construcción de nuevas relaciones sociales cimentadas en la solidaridad, cooperación y reciprocidad. También trabajan para profundizar los procesos democráticos y posibilitar formas de desarrollo que satisfagan las necesidades básicas de la comunidad. Muchas de ellas recuperan y protegen sus culturas.

Topología de las iniciativas de paz desde la base

Las iniciativas de paz surgieron en Colombia en los años ochenta. Manifiestan una tremenda diversidad que refleja las particularidades de los pueblos y contextos en donde se desarrollan. Sin embargo, a pesar de esta diversidad, también registran rasgos comunes. Se generaron en sectores sociales que han sido tradicionalmente excluidos de la vida política y de la riqueza económica del país, como los indígenas, los afro-colombianos, los campesinos y las mujeres. A menudo, son grupos que soportan, directamente, el impacto de la guerra o de la violencia estructural, o ambos. Con frecuencia, estas iniciativas se benefician de la participación activa o del apoyo de la Iglesia Católica a través de sus representantes en las comunidades locales y del apoyo de miembros de la comunidad internacional. Se pueden sugerir tres categorías de iniciativas de paz desde la base, para indicar las dinámicas importantes dentro del espectro de estas:

1) aquellas con énfasis en la profundización de la democracia;

2) las que tienen énfasis en resistencia civil al conflicto armado; y

3) aquellas con énfasis en resistencia civil a la violencia estructural, el conflicto armado y el modelo neoliberal. Este artículo le dará una breve mirada a un ejemplo de cada tipo de iniciativas, presentando una descripción de su proceso de emergencia, del enfoque en la construcción de la paz, y una evaluación de sus resultados.

Iniciativas de paz desde la base con énfasis en la profundización de la democracia

En los últimos años, se han desarrollado varios esfuerzos locales para transformar la política democrática a nivel local. Estas iniciativas incluyen entre otras la “Asamblea Municipal Constituyente de Mogotes”, en Santander, en 1997; “Pensilvania Comunidad Viva”, en Caldas, en 2001; y la “Asamblea Municipal Constituyente de Tarso”, en Antioquia, el mismo año. Estas experiencias, tal vez los ejemplos más relevantes entre estas iniciativas, comparten rasgos comunes. Su objetivo es generar procesos participativos en la búsqueda de soluciones a problemas locales, para permitir que haya una planeación de proyectos de desarrollo de las localidades y para estimular una nueva cultura política democrática para superar el clientelismo y la corrupción administrativa. Tienden a surgir en áreas geográficas que son corredores de paso de actores armados, o de presencia tradicional de un actor armado, y en localidades donde hay una expresión considerable de violencia estructural, expresada en exclusión, mecanismos inadecuados de participación ciudadana y corrupción.

Asamblea Municipal Constituyente de Tarso

“Allí, por primera vez en la historia local, nos dimos cita los representantes de las diferentes agrupaciones políticas, sociales y administrativas para evaluar el pasado, reconstruir el presente y proyectar el futuro.”

Tarso es un municipio ubicado al suroeste de Antioquia, de aproximadamente 7.000 habitantes, y caracterizado por centrar su economía en la producción de café. La región registra una concentración tradicional de la propiedad de la tierra, en donde la mayoría de ella pertenece a unas cuantas familias. El municipio no ha sido escenario de alta violencia, sino corredor de paso de actores armados, tradicionalmente el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y desde el 2000, de grupos paramilitares con las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU).

La historia social de la región incluye la emergencia de un importante movimiento campesino durante los años setenta y ochenta, que fue acompañado por la Iglesia Católica. Durante la crisis económica del municipio en 1999, Alirio Arroyabe, uno de los líderes sociales formado en el movimiento campesino, genero la iniciativa de paz. Con el municipio a punto de la quiebra, Arroyabe propuso un Comité de Impulso que generaría un amplio proceso de socialización y consulta entre los habitantes. Este proceso duró algo más de un año y llevó a que la población local decidiera formar la Asamblea Municipal Constituyente en enero de 2001. La asamblea estuvo integrada por 150 delegados, en representación de los hacendados, los gremios, los partidos políticos tradicionales, los campesinos, los docentes y el gobierno municipal. Mediante unas estrategias generales para promover el desarrollo sostenible y la convivencia pacífica, la función primaria de la Asamblea era la elaboración de un Plan de Desarrollo Municipal. Esto se facilitó con la formación de seis grupos de trabajo temáticos, abiertos a quienes quisieran participar. Un Comité directivo elegido por los delegados, e integrado por siete personas, supervisa los grupos de trabajo y convoca a la Asamblea para sesiones plenarias.

Es sus dos años de existencia, el proceso le ha permitido al municipio superar la crisis financiera y generar un plan de desarrollo a través de un proceso incluyente de consulta y participación directa. La población local ha elegido un alcalde comprometido con el respeto al proceso y que permite la interacción de la Asamblea Constituyente, la Alcaldía y el Concejo Municipal. Ha alcanzado reconocimiento y apoyo nacional e internacional. Sin embargo, aún falta mucho por hacer para consolidar el proceso, fortalecer el compromiso y mejorar los mecanismos de comunicación.

Experiencias de resistencia civil al conflicto armado

En el contexto colombiano, la resistencia civil se ha caracterizado por responder sin recurso a la violencia al impacto del escalamiento del conflicto armado sobre la población civil. Las iniciativas emergen típicamente en contextos de altos niveles de violencia, en áreas donde los movimientos insurgentes han consolidado su presencia y donde los paramilitares incursionan después. Se han presentado ataques brutales contra la población civil, y según la población y observadores, con la colaboración activa y omisiva de los miembros de la Fuerza Pública.

Las iniciativas de resistencia civil buscan proteger la autonomía o autodeterminación y el derecho a la vida de sus integrantes. El ejercicio de la resistencia no-violenta contra todos los actores armados, incluyendo a la Fuerza Pública, se desarrolla como una estrategia de protección de los miembros de la comunidad. A través de la no-violencia activa, los habitantes también intentan reconstruir el tejido social gracias a la solidaridad, participación, trabajo colectivo y vida en comunidad.

En Colombia se han desarrollado varias de estas experiencias de construcción de la paz, incluyendo la “Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare” en 1987, la “Neutralidad Activa de la Organización Indígena de Antioquia” en 1994, la “Comunidad de Paz de San Francisco de Asís”, que comenzó en 1997 en el Bajo Atrato Chocoano, y las “Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad”, en el Cacarica, Chocó.

Comunidad de paz de San José de Apartadó

“…Nos declaramos Comunidad de Paz, como única alternativa para sobrevivir en esta guerra. Algunos, después de tres años han podido regresas a sus tierras. Otros decidimos quedarnos en San José. Todavía vivimos con miedo pero, todos unidos seguimos resistiendo y trabajando. Formamos la comunidad, por que sólo unidos le podemos ganar a esta guerra. Queremos que la comunidad unida siga adelante y continúe resistiendo, exigiéndole a los violentos que respeten nuestras normas y derechos.”

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó es un corregimiento del municipio de Urabá, Antioquia. Es un sector estratégico para los actores armados, por su proximidad a la Serranía del Abibe que es un corredor estratégico que comunica a tres departamentos. Allí, la población civil ha sufrido de una presencia activa de todos los actores armados y el escalamiento de la guerra entre ellos.

Según sus habitantes, en 1996, autodefensas incursionaron al corregimiento con la colaboración de la Fuerza Pública, para disputarle a la insurgencia el control de la región. Se registraron masacres, asesinatos selectivos y durante 9 meses opero un retén paramilitar que impedía el paso de alimentos y medicamentos. Los actores armados les dieron a los habitantes alternativas limitadas de unirse a ellos, desplazarse o morir. Con el apoyo de los representantes de la Iglesia Católica, y las ONGs CINEP y Justicia y Paz, la población decidió resistirse a esas opciones, crear una zona neutral y negarse a colaborar con cualquiera de los actores armados. La idea se desarrolló a través de talleres en todo el corregimiento, en los cuales se definían el concepto y las prácticas de la neutralidad activa. Entonces, tenían la oportunidad de elegir si querían asumir dicha posición.

En marzo de 1997, la población se declaró a sí misma “Comunidad de Paz”, con la esperanza de que los actores armados los respetaran y les permitieran continuar viviendo en sus tierras. Varias ONGs nacionales e internacionales y los medios de comunicación asistieron a la ceremonia. La comunidad se benefició subsecuentemente de la ayuda y acompañamiento activos de una ONG local, la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, y de varias ONG internacionales. La Comunidad de Paz se organiza en tres estructuras distintas: grupos de trabajo (en la actualidad hay 31 grupos para hombres y 11 para mujeres); comités de salud, educación, temas relacionados con la mujer, deportes, etc.; y un consejo interno electo, el cual coordina todas las actividades y resuelve conflictos internos de la comunidad a través de la aplicación de su reglamento interno.

Los habitantes locales han pagado un alto costo social luego de la instauración de la Comunidad de Paz, incluyendo la muerte de varios líderes comunitarios, al igual que el trato injusto y la estigmatización por parte de todos los actores armados y, en particular, de los paramilitares, quienes actúan con el apoyo de la Fuerza Pública. Sin embargo, la población sigue comprometida con la práctica de la no-violencia activa y continúa recibiendo apoyo y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Este apoyo es dado principalmente por organizaciones no gubernamentales, aunque la presión internacional ha llevado a medidas cautelares decretadas a su favor por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Iniciativas con énfasis en resistencia civil a la violencia estructural, al conflicto armado y al modelo neoliberal

Estas experiencias, entre las que están las “Resistencias Comunitarias Indígenas” del Cauca, la “Organización Embera Wounan” en el Medio Atrato Chocoano y la “Asociación Campesina Integral del Atrato”, formada por afro-colombianos en el Medio Atrato Chocoano, han emergido generalmente en contextos de violencia estructural, expresada en exclusión política, social y económica. Sin embargo, muchos de estos contextos también han sufrido el escalamiento del conflicto armado y han tenido que desarrollar sus procesos en medio de alta violencia y confrontación entre los actores armados.

Estas iniciativas tienen su origen en la necesidad de defender y recuperar la cultura, la autonomía y el territorio. Con el escalamiento del conflicto armado y del impacto de éste en las comunidades, han incorporado la resistencia civil al conflicto armado a su ancestral resistencia. Recientemente, han aprobado en sus asambleas desarrollar una resistencia civil al modelo económico neoliberal, por considerarlo una amenaza para sus culturas y sustento.

Proyecto Nasa

“El Proyecto Nasa, surge no tanto como una lucha, sino como una propuesta de desarrollo social, económico, político y cultural hacia el futuro (...) Lo que antes a los viejos les tocaba hacer a escondidas, ahora hacemos las cosas a la luz pública Entonces pienso que el proceso va fuerte. Cada día se ha vinculado más gente y la gente ahorita está entendiendo, que la organización no es allá en Toribío, sino que somos nosotros mismos, cuando nos capacitamos, nos concientizamos y cada uno lucha por inventar el trabajo desde diferentes puntos de vista donde nos encontremos.”

Toribío es un municipio y un resguardo indígena ubicado en el norte del Departamento del Cauca, que cuenta con aproximadamente 30.500 habitantes, casi en su totalidad indígenas del Pueblo Nasa. Ha representado un escenario de tradicional presencia de la insurgencia, principalmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y recientemente de escalamiento del conflicto entre la guerrilla y los paramilitares y la Fuerza Pública.

Las experiencias de organizaciones indígenas surgieron hace más de veinte años. El Proyecto Nasa emergió en 1980, recogiendo las enseñanzas del Consejo Regional Indígena (CRIC), gestor del movimiento indígena y autoridad tradicional. Encontró su origen en la iniciativa del sacerdote indígena Álvaro Ulcué y en la decisión de las comunidades indígena de Toribío, San Francisco y Tacueyó de recuperar sus tierras ancestrales, proteger la cultura y lograr el respeto a su tradicional forma de vida. El proceso se inició a través de una Asamblea Comunal del Pueblo que tuvo lugar en Toribío, en septiembre de 1980.

Los objetivos que dieron origen al Proyecto Nasa fueron la unidad de las comunidades indígenas y el fortalecimiento de los cabildos. El proyecto buscaba mejorar la calidad de vida de la población indígena, y lograr una educación y un desarrollo apropiados a su cultura. A medida que el conflicto armado se intensificó en el municipio, la población comenzó a desarrollar formas activas de resistencia para defender la autonomía de las comunidades indígenas, como su minga en resistencia, que es un reglamento creado por ellos en asamblea, que les permite responder colectiva y pacíficamente a diversas expresiones del conflicto armado.

El Proyecto Nasa ha alcanzado muchos logros y una duración de más de dos décadas. Le ha permitido al pueblo Nasa recuperar 140.000 hectáreas de tierra. También ha generado importantes proyectos productivos en piscicultura, producción de lácteos y jugos. El movimiento cívico le ha permitido a los habitantes elegir a un alcalde que represente sus intereses. Los procesos de participación desarrollados localmente han hecho posibles los mecanismos para un proceso de toma de decisiones con una base amplia, sobre temas relacionados con el movimiento indígena, el municipio, el plan de vida y el contenido del Proyecto Nasa.

Dichos procesos tuvieron algunos costos. La población ha sufrido la violencia, el desplazamiento y la muerte como resultado de las acciones de los actores armados. Sin embargo, a través del diálogo y de la resistencia activa, la comunidad ha logrado mantener su autonomía de los grupos armados. Sus logros han influenciado muchas otras iniciativas como ésta en la subregión del norte del Cauca.

Conclusión

Estos ejemplos proporcionan algunas muestras conmovedoras de la diversidad e importancia de los esfuerzos civiles para construir la paz desde las bases en Colombia. Afirman que la paz no sólo se construye desde el Estado sino también desde las bases. La significación y los logros de estas iniciativas de paz en el contexto de grandes dificultades merecen especial atención y protección nacional e internacional.

Los esfuerzos locales para construir la paz desarrollan significados propios de la paz, los cuales incluyen la defensa de valores plurales como la vida, la solidaridad, la cultura, la diversidad, el territorio, y la autonomía o autodeterminación. También identifican la necesidad de tratar y transformar la violencia estructural a través de procesos de inclusión social, participación democrática, desarrollo y reconciliación.

Algunas de estas iniciativas demuestran que los procesos locales y regionales de no-violencia, diálogo y toma de decisiones pueden proteger vidas y la integridad de las comunidades, y ayudar a reducir la intensidad del conflicto armado. También pueden estimular y consolidar procesos de desarrollo económico y de cohesión social. Sin embargo, las dificultades y obstáculos encontrados en (todas) las experiencias y en el país en general también indican los riesgos y los peligros verdaderos representados por los actores armados que exigen control territorial con un costo humano, y políticas de seguridad democrática que militarizan y polarizan la sociedad.

El conflicto en Colombia se vive en las bases y se libra dentro de las comunidades. Los esfuerzos para resolver el conflicto tienen que enfrentar esta dolorosa y compleja realidad. Estas iniciativas de las bases demuestran que la construcción de la paz en Colombia debe ser vista no sólo como la firma de acuerdos de paz sino de inclusión social y participación a nivel comunitario.

 

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